miércoles, 19 de abril de 2017

Nosotros adoramos a la lentitud

Reseña/comentario de "Los veloces son los nuevos profundos" por Victoria Varas

Los veloces son los nuevos profundos es el título del primer libro de poesías de Emiliano Baigorri. La editorial El ojo del mármol llevó a estos archivos (que habían ganado el concurso de poesía 20 años de la Editorial Llanto de mudo) al formato papel sin que perdieran ni un giga de su fuerza web. Porque hay algo de la costura digital de estos poemas que sobrevive en la página impresa: imágenes visuales dictadas por Youtube, yuxtaposiciones linkeras, asociaciones generadas por un hipertexto infinito y la velocidad cibernética traducida en la brevedad y contundencia del verso. Pero lejos de configurar un imaginario robótico, el cableado común de estos poemas transporta una electricidad sanguínea y profundamente íntima. La de Baigorri parece ser una poesía de monoambiente, escrita entre paredes que combaten al monstruo asqueroso de la adultez con capítulos de Hora de aventura. En esta suerte de bucolismo indoor, el sol es "foquito de sesenta", los paisajes se descomponen en millones de bytes y las geografías añoradas son las de una chica casi siempre diminuta, con pollera escocesa o un mechón de pelo azul. Si el título revela (y esconde) mucho del universo del libro, el epígrafe ("Y pese a todo mi paranoia sigue siendo analógica") anuncia un paradojal elogio a la velocidad. Baigorri ofrece una mirada pausada sobre un mundo que estalla en infinitas pantallas, una voz serena y lisérgica en una fiesta de impresiones inquietas: "Ojalá puedas detenerte en lo que sea".